HUGO PRESMAN
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Llega el Mundial a un país deprimido
10 de junio de 2026 - Página 12
Javier Milei, presidente argentino, y Gianni Infantino, mandatario de la FIFA. Prensa -
Nuestro tiempo puede ser tan miserable que no logremos encontrar en la sociedad que nos rodea la naturaleza humana que necesitamos para resistir a las dos lacras de nuestra época: el exceso de miseria y la miseria del exceso. Estamos tan hartos de este planeta que nos preguntamos por qué el mundo, nuestro mundo, ha devenido en una escombrera de piernas y brazos mutilados, de hambre y pobreza infinita, como si un cocinero loco se ejercitara en desigualdad y metralla haciendo un sofrito de acero y carne humana sobre el que guisar sus obsesiones.
En nuestra aldea libertaria hay seres humanos que no tienen donde caerse muertos. Esta expresión, la de caerse muerto, se pronuncia muy a la ligera, pero nos estremeceríamos si reparáramos en su literalidad y en el presente que rodea la frase. Todo ello acontece en un contexto de sociedad maltratada, deprimida. Aunque en realidad no se está deprimido, solo se tiene un salario bajo. A base de externalizar derechos, nos han acabado externalizando el alma, que es lo más difícil de subcontratar. Es que vivíamos por encima de nuestras posibilidades, según Milei. De ahí que hayamos pasado de comer tres veces al día a comer una, y estamos peor. Habrá que dejar de comer para dejar de vivir por encima de nuestras posibilidades.
Ya se viene el Mundial, que no ayuda a llegar a fin de mes, pero puede dar una alegría. Una competición que consigue que multitudes de personas, cuya vida cotidiana es precaria o menesterosa, con sensación de fracaso o de tristeza, se perciban “visibles” detrás de una bandera. Con una Selección como la nuestra se sienten épicos, eternos, universales, para afrontar un torneo de héroes y villanos, de audaces y cobardes, de vencedores y vencidos. No vemos el Mundial tal como es, sino como somos, cómo lo pensamos y cómo lo sentimos.
De pequeños, trotando por calles embarradas y con la luz mínima, te creías que el fútbol era solo un juego. Hace tiempo que dejó de ser un refugio moral, si alguna vez lo fue. Lo aterrador no es la desmesura de su ostentación, sino la normalidad con que lo hemos asumido. Toda decadencia ética empieza así: cuando se pierde la capacidad de enfrentarse al poder omnímodo.
Tal vez la magia de un caño, de una gambeta o de una rabona nos haga olvidar la violencia económica y social de la realidad de hoy. Cómo extrañamos a fuerza de lo común, de lo colectivo. Esa furia anidada en el esófago que espera agazapada que cambien las cosas.
Un nuevo futuro en la boca es lo que necesitamos. Una enorme luciérnaga que ilumine la inmensidad de esta noche tan oscura; para clarear el paisaje y embellecer esa imagen noble y hasta heroica de nosotros mismos. Nada es tan hermoso como esa luz que lava la mañana, que la acaricia y la entrega cálida a la suave brisa de la patria común que es el otro.
Llevamos tanto tiempo pintando el cielo de tristeza que ahora, en estos días, deseamos, como deseamos, que una pelota, una simple pelota, nos devuelva la alegría.
(*) Periodista, exjugador de Vélez, clubes de España y campeón del Mundo 79.
11 junio 2026
PROGRAMA EL TREN DEL 9 DE JUNIO DEL 2026
La opinión de los conductores sobre el velatorio, la comparación con la conmoción de las muertes de Hipólito Yrigoyen, de Carlos Gardel, de Evita, de Perón, de Raúl Alfonsín, y el Carlos Kirchner. La incomprensión de sus enemigos y los insultos y las descalificaciones calcadas. La falsificación de la historia y la malhadada opción Sarmientina de Civilización y Barbarie. La demonización del conurbano y la “sorpresa” de los denostadores que un velatorio de alrededor de un millón de personas sin incidentes, organizado muy bien por la gobernación de la Provincia de Buenos Aires, el intendente de Avellaneda, la Cámpora y Máximo Kirchner. La opinión de conocidos intelectuales: Alejandro Kauffman, Ezequiel Adamovsky, Martín Rodriguez, Pablo Alabarces, Ricardo Ragendorfer. Los testimonios de gente que expresa su dolor con reflexiones profundas.
El texto que circula que fue leído atribuido al Indio Solari:
Hay un ruido de platos vacíos en la Argentina.
Un sonido áspero.
Como ascensores cayendo dentro de hospitales apagados.
Como tizas partidas sobre pizarrones gastados en escuelas que ya no llegan a fin de mes.
Y mientras desde arriba venden épica financiera con sonrisa televisiva, abajo la realidad mastica gente.
Los jubilados cuentan monedas como si fueran balas sobrevivientes de una guerra perdida.
Les licuaron la vida despacito.
Primero los remedios.
Después la comida.
Después la dignidad de tener que elegir entre calefacción o un paquete de arroz.
Y todavía aparecen predicadores del ajuste diciendo que el sufrimiento “era necesario”.
Como si el hambre fuese una materia universitaria.
Como si ver ancianos revolviendo descuentos fuera parte del equilibrio fiscal.
Los laburantes tampoco llegan.
El sueldo dura menos que un semáforo en verde.
El consumo se desplomó porque ya no se compra: se sobrevive.
La heladera parece un teatro abandonado después del saqueo.
Y en las calles hay persianas bajas como párpados cansados.
Construcciones detenidas.
Fábricas respirando por tubos.
Comercios vacíos donde antes había ruido de monedas y olor a pan caliente.
La recesión avanza como hollín pegado detrás de las paredes.
Silenciosa.
Espesa.
Entrando en las casas mientras algunos influencers del mercado festejan numeritos como si la economía fuera un videojuego sin cadáveres.
También le metieron motosierra a la educación y a la salud.
Universidades asfixiadas.
Hospitales universitarios peleando por insumos básicos.
Docentes agotados enseñando entre ruinas presupuestarias y techos que lloran goteras.
Pero en la televisión hablan de libertad.
Siempre libertad.
Aunque millones estén cada vez más presos del miedo, de las deudas, de la angustia de perder el trabajo.
Y entonces aparece el gran truco del circo:
hacerte creer que la crueldad es valentía.
Que insultar es gobernar.
Que destruir es sincerarse.
Que el ajuste sobre los cuerpos cansados del pueblo es una especie de purificación divina.
Hay fanáticos aplaudiendo el incendio mientras el humo les entra por debajo de la puerta.
Gente defendiendo verdugos porque aprendieron a odiar más de lo que aprendieron a pensar.
Y lo más oscuro no es el personaje delirante que grita desde el escenario.
Lo verdaderamente oscuro es una sociedad agotada, partida, furiosa… que empezó a normalizar que le rompan el alma a los más débiles mientras le llaman “cambio” al derrumbe.
La Argentina no se está quedando sin plata solamente.
Se está quedando sin alma.
Sin paciencia.
Sin futuro.
Y cuidado…
porque cuando un pueblo ya no siente el dolor del otro, el monstruo deja de gobernar desde arriba.
Empieza a vivir adentro de todos.
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