12 junio 2026

Llega el Mundial a un país deprimido

                                                               Por José Luis Lanao

10 de junio de 2026 - Página 12

Javier Milei, presidente argentino, y Gianni Infantino, mandatario de la FIFA. Prensa -

Nuestro tiempo puede ser tan miserable que no logremos encontrar en la sociedad que nos rodea la naturaleza humana que necesitamos para resistir a las dos lacras de nuestra época: el exceso de miseria y la miseria del exceso. Estamos tan hartos de este planeta que nos preguntamos por qué el mundo, nuestro mundo, ha devenido en una escombrera de piernas y brazos mutilados, de hambre y pobreza infinita, como si un cocinero loco se ejercitara en desigualdad y metralla haciendo un sofrito de acero y carne humana sobre el que guisar sus obsesiones.

En nuestra aldea libertaria hay seres humanos que no tienen donde caerse muertos. Esta expresión, la de caerse muerto, se pronuncia muy a la ligera, pero nos estremeceríamos si reparáramos en su literalidad y en el presente que rodea la frase. Todo ello acontece en un contexto de sociedad maltratada, deprimida. Aunque en realidad no se está deprimido, solo se tiene un salario bajo. A base de externalizar derechos, nos han acabado externalizando el alma, que es lo más difícil de subcontratar. Es que vivíamos por encima de nuestras posibilidades, según Milei. De ahí que hayamos pasado de comer tres veces al día a comer una, y estamos peor. Habrá que dejar de comer para dejar de vivir por encima de nuestras posibilidades.

Ya se viene el Mundial, que no ayuda a llegar a fin de mes, pero puede dar una alegría. Una competición que consigue que multitudes de personas, cuya vida cotidiana es precaria o menesterosa, con sensación de fracaso o de tristeza, se perciban “visibles” detrás de una bandera. Con una Selección como la nuestra se sienten épicos, eternos, universales, para afrontar un torneo de héroes y villanos, de audaces y cobardes, de vencedores y vencidos. No vemos el Mundial tal como es, sino como somos, cómo lo pensamos y cómo lo sentimos.

De pequeños, trotando por calles embarradas y con la luz mínima, te creías que el fútbol era solo un juego. Hace tiempo que dejó de ser un refugio moral, si alguna vez lo fue. Lo aterrador no es la desmesura de su ostentación, sino la normalidad con que lo hemos asumido. Toda decadencia ética empieza así: cuando se pierde la capacidad de enfrentarse al poder omnímodo.

Tal vez la magia de un caño, de una gambeta o de una rabona nos haga olvidar la violencia económica y social de la realidad de hoy. Cómo extrañamos a fuerza de lo común, de lo colectivo. Esa furia anidada en el esófago que espera agazapada que cambien las cosas.

Un nuevo futuro en la boca es lo que necesitamos. Una enorme luciérnaga que ilumine la inmensidad de esta noche tan oscura; para clarear el paisaje y embellecer esa imagen noble y hasta heroica de nosotros mismos. Nada es tan hermoso como esa luz que lava la mañana, que la acaricia y la entrega cálida a la suave brisa de la patria común que es el otro.

Llevamos tanto tiempo pintando el cielo de tristeza que ahora, en estos días, deseamos, como deseamos, que una pelota, una simple pelota, nos devuelva la alegría.

(*) Periodista, exjugador de Vélez, clubes de España y campeón del Mundo 79.


11 junio 2026

PROGRAMA EL TREN DEL 9 DE JUNIO DEL 2026

 El martes 9 de junio el programa no tuvo invitados. Dos temas centrales ocuparon el 90% de las dos horas: la conmoción popular del velatorio de la muerte del Indio Solari y la gigantesca manifestación de “Ni una menos” del 3 de junio.  

La opinión de los conductores sobre el velatorio, la comparación con la conmoción de las muertes de Hipólito Yrigoyen, de Carlos Gardel, de Evita, de Perón, de Raúl Alfonsín, y el Carlos Kirchner. La incomprensión de sus enemigos y los insultos y las descalificaciones calcadas. La falsificación de la historia y la malhadada opción Sarmientina de Civilización y Barbarie. La demonización del conurbano y la “sorpresa” de los denostadores que un velatorio de alrededor de un millón de personas sin incidentes, organizado muy bien por la gobernación de la Provincia de Buenos Aires, el intendente de Avellaneda, la Cámpora y Máximo Kirchner.  La opinión de conocidos intelectuales: Alejandro Kauffman, Ezequiel Adamovsky, Martín Rodriguez, Pablo Alabarces, Ricardo Ragendorfer. Los testimonios de gente que expresa su dolor con reflexiones profundas.

El texto que circula que fue leído atribuido al Indio Solari:

Hay un ruido de platos vacíos en la Argentina.

Un sonido áspero.

Como ascensores cayendo dentro de hospitales apagados.

Como tizas partidas sobre pizarrones gastados en escuelas que ya no llegan a fin de mes.

Y mientras desde arriba venden épica financiera con sonrisa televisiva, abajo la realidad mastica gente.

Los jubilados cuentan monedas como si fueran balas sobrevivientes de una guerra perdida.

Les licuaron la vida despacito.

Primero los remedios.

Después la comida.

Después la dignidad de tener que elegir entre calefacción o un paquete de arroz.

Y todavía aparecen predicadores del ajuste diciendo que el sufrimiento “era necesario”.

Como si el hambre fuese una materia universitaria.

Como si ver ancianos revolviendo descuentos fuera parte del equilibrio fiscal.

Los laburantes tampoco llegan.

El sueldo dura menos que un semáforo en verde.

El consumo se desplomó porque ya no se compra: se sobrevive.

La heladera parece un teatro abandonado después del saqueo.

Y en las calles hay persianas bajas como párpados cansados.

Construcciones detenidas.

Fábricas respirando por tubos.

Comercios vacíos donde antes había ruido de monedas y olor a pan caliente.

La recesión avanza como hollín pegado detrás de las paredes.

Silenciosa.

Espesa.

Entrando en las casas mientras algunos influencers del mercado festejan numeritos como si la economía fuera un videojuego sin cadáveres.

También le metieron motosierra a la educación y a la salud.

Universidades asfixiadas.

Hospitales universitarios peleando por insumos básicos.

Docentes agotados enseñando entre ruinas presupuestarias y techos que lloran goteras.

Pero en la televisión hablan de libertad.

Siempre libertad.

Aunque millones estén cada vez más presos del miedo, de las deudas, de la angustia de perder el trabajo.

Y entonces aparece el gran truco del circo:

hacerte creer que la crueldad es valentía.

Que insultar es gobernar.

Que destruir es sincerarse.

Que el ajuste sobre los cuerpos cansados del pueblo es una especie de purificación divina.

Hay fanáticos aplaudiendo el incendio mientras el humo les entra por debajo de la puerta.

Gente defendiendo verdugos porque aprendieron a odiar más de lo que aprendieron a pensar.

Y lo más oscuro no es el personaje delirante que grita desde el escenario.

Lo verdaderamente oscuro es una sociedad agotada, partida, furiosa… que empezó a normalizar que le rompan el alma a los más débiles mientras le llaman “cambio” al derrumbe.

La Argentina no se está quedando sin plata solamente.

Se está quedando sin alma.

Sin paciencia.

Sin futuro.

Y cuidado…

porque cuando un pueblo ya no siente el dolor del otro, el monstruo deja de gobernar desde arriba.

Empieza a vivir adentro de todos.

INDIO

Sobre la concentración de “Ni una menos”:  Los cantitos de la marcha. Las pancartas. Algunas tan impactante como aquella que decía: “Que pasará en el país que se grita más fuerte un gol que una injusticia”. Una recorrida histórica sobre el papel a la que fue condenada la mujer. 
Otros temas: Milei se adelanta con la Inteligencia Artificial para seguir entregando el país. Ofrece todo para la radicación de los tecno feudales sin impuestos ni regulación. 
El premio absolutamente merecido a Julia Mengolini.
El testimonio de Milcíades Peña sobre la represión en las villas llevado a cabo por Jorge Macri.
Un recordatorio, a 70 años de los fusilamientos en los basurales de José León Suarez y del levantamiento de los Generales Valle y Tanco. La tragedia de Susana Valle. Algunos pantallazos sobre la CGT de los argentinos 

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09 junio 2026

SADISMO DE ESTADO Ya no es un rumor de sacristía

El cardenal Rossi llamó la atención sobre el ajuste a jubilados y discapacitados. García Cuerva lo subrayó en el tedeum ante Milei.

Daniel Capalbo   PERFIL

Discípulos. Jorge García Cuerva y Ángel Rossi conservan la mirada teológica de Francisco. Y su testimonio es sobre de la época y la política que vivimos. | cedoc

Hay que reconocerle algo al gobierno de Javier Milei: la honestidad involuntaria. Otros gobiernos que aplicaron el mismo manual de demolición social al menos tuvieron el pudor de disimular. Lo llamaron modernización, inserción en el mundo, medicina necesaria. Milei dice todo eso, pero además lo celebra. Celebra la motosierra, que por si fuera necesario recordarlo, no se trata de una metáfora. Se trata, sí, del denominador común que enlaza a esta nueva pléyade de funcionarios envueltos en amianto: el Presidente y los ministros Caputo, Sturzenegger, la hermana Karina, el ex vocero y jefe de Gabinete Adorni, complicado hoy por un personal exceso de liquidez. Milei celebra el dolor del ajuste violento a jubilados, a la universidad, a la salud pública, a los discapacitados. A todo eso la Iglesia lo acaba de llamar sadismo de Estado.

El cardenal Ángel Rossi es arzobispo de Córdoba, vicepresidente primero del Episcopado argentino, jesuita formado bajo la influencia del padre Bergoglio y es también uno de los monseñores con mayor influencia en la elección de Robert Prevost como León XIV. No es un dato menor: Rossi llega a esta confrontación con el gobierno con un peso institucional y simbólico que pocos prelados argentinos han tenido en décadas. El 10 de mayo de 2026 presidió la eucaristía dominical en el Cottolengo Don Orione de Córdoba, una institución consagrada al cuidado y rescate de personas con discapacidad severa. No es un detalle menor: eligió ese escenario y ese contexto para lanzar la frase más cargada políticamente que haya pronunciado un cardenal argentino en años. Dijo: “Favorecer a los opulentos y restringir la ayuda a los discapacitados, a los jubilados, a los enfermos y a los vulnerados es signo de decadencia y de sadismo personal e institucional”. Y remató: “Así como hablamos de terrorismo de Estado, hay cierto sadismo de Estado e institucional”.

La analogía no fue casual ni irresponsable: Rossi no equiparó la crueldad desplegada por la administración con el genocidio; lo que hizo fue trazar una continuidad. Así como el terrorismo de Estado fue una política deliberada que usó el miedo y la muerte como herramientas de control social, el sadismo de Estado actual usa el hambre, la enfermedad y la pobreza.

Por su lado, el arzobispo porteño Jorge García Cuerva aprovechó el tedeum del 25 de mayo —con Milei en primera fila, sin Villarruel, que no fue invitada— para un mensaje que recuperó la mejor tradición de las homilías incómodas: la de Bergoglio ante Kirchner, la del episcopado ante la dictadura. García Cuerva lo señaló ante Milei en el tedeum: “Viven de privilegios; alejados del común de la gente, perdieron la sensibilidad con los que sufren”. Y continuó: “Hoy también muchos hermanos experimentan estar paralizados en sus esperanzas, en sus oportunidades, en su dignidad. Desde hace muchos años se sienten postrados, tirados al borde del camino de la vida, y ya no tienen fuerzas para seguir.” No usó la palabra sadismo, pero describió exactamente eso.

El mendocino Marcelo Colombo, titular de la Conferencia Episcopal, advirtió que los que peor la pasan son las clases medias empobrecidas. Los obispos de Neuquén, Posadas, Santiago del Estero sumaron sus voces. La respuesta del gobierno fue el silencio y la indiferencia, que en este caso son también una forma de respuesta. El choque entre la Iglesia y el gobierno libertario dejó de ser un rumor de sacristía. Es una fisura institucional de primer orden y tiene un nombre teológico preciso: la doctrina social de la Iglesia, que desde León XIII sostiene que el Estado tiene obligaciones con los más vulnerables que ningún voluntarismo del mercado puede reemplazar.

Milei se persigna, tiembla frente al Muro de los Lamentos y, aunque se percibe judío, visita el Vaticano. Que un gobierno que se dice cristiano esté recibiendo esta clase de críticas desde la jerarquía eclesiástica es, al menos, una ironía.